Lo inmediato
- Olga Micha

- 19 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Ya estamos a solo dos semanas de que termine el 2025. No sé exactamente desde cuándo, pero ahora los meses se me pasan volando… Tal vez desde que me convertí en adulto, o desde que dejé de prestarle tanta atención al tiempo. Quizás fue cuando dejé de esperar que llegara algún mes en particular, porque ahora mi intención es simplemente habitar el presente. No lo sé con certeza, pero lo que sí tengo claro es que el tiempo se me escurre con una rapidez casi imperceptible.
Miro los encabezados de las noticias. Tengo que admitir que ya no disfruto leer, ni ver, ni siquiera rozarme con la información “relevante” (esa que los medios consideran digna de ser difundida). Sin embargo, y por desgracia, sigo ahí.
Siempre que las miro, solo me dan ganas de cerrar las ventanas, de no enterarme, de vivir en esa bendita ignorancia de la que hablaba Thomas Gray cuando escribió eso de “Ignorance is bliss”.
El problema es que uno se da cuenta de la veracidad de esa frasesita cuando ya es demasiado tarde, cuando ya vio, cuando ya leyó, cuando algo se quedó adentro y no hay forma de sacarlo.
El caso es que siempre que quiero estar informada se me termina contrayendo el pescuezo del estómago, o como sea que se le llame a ese tubito en el punto exacto donde deja de ser tubito para volverse estómago… Y es que ya desde que leo los títulos y observo las fotos que los acompañan me empieza a dar el retortijón. Las noticias suelen ser terribles, pero la forma en que las cuentan además contiene tanto morbo que no me puedo ir.
¿Seré morbosa? Seguramente sí… pero estoy segura de que hay algo en lo atroz que no podemos dejar de mirar. Los medios lo saben, y por eso las noticias son un maldito imán.
Las noticias de esta semana han estado especialmente brutales.
No me detendré en ninguna en particular; sospecho que ya todos sabemos cómo se disputan el protagonismo entre asesinatos, muertos, acuchillados y balaceados. Historias de hijos que matan a sus padres, de padres que abandonan a sus hijos, de políticos que parecen verduleros… No, perdón. Jamás he visto a un verdulero comportarse como político. (De hecho, no sé quién inventó esa comparación tan prejuiciosa…)
Sigo.
Mujeres maltratadas, violadas, ensangrentadas o licuadas (sí, tal cual, licuadas).Hombres explotados por mujeres que también maltratan y luego se victimizan.Y, como resultado casi inevitable, niños y más niños pagando las consecuencias.Esos niños que, se supone, son el futuro de este mundo tan loco como hermoso.
El resumen es una película de terror tras otra, tras otra, tras otra.
Pero lo que realmente me saca de mí misma es que cada una de esas notas, todas, sin excepción, muestra a humanos dañando humanos.
Hubo un tiempo en que pensaba que la mayoría de las personas que dañaban a otras lo hacían por necesidad, por hambre. Suena simplista, lo sé, pero era mi forma de intentar entenderlo, creer que detrás de la violencia siempre había una desesperación ligada a la supervivencia, a esa urgencia brutal de no tener ni para vivir. Porque, aunque nunca he sido pobre —por una simple variable de suerte—, muchas veces me he puesto a imaginar lo que sería no tener un pan para alimentar a mis hijos, ni un techo, ni un trapo para cubrirme del frío. Algo así seguramente me llevaría a un estado muy loco, a hacer cosas probablemente desquiciadas. Pero lo curioso es que esas noticias no hablan de personas pobres matando a otros para acceder a comida, trabajo o vivienda. No. Al parecer, los pobres están chambeando, pidiendo limosna o vaya uno a saber, mientras que los protagonistas de las notas del 2025 son personas con recursos, pero totalmente locas.
Yo solo sé que no sé nada, pero puedo sentir cómo esas notas me van robando la paz. Me dejan inquieta, incómoda… y con una sensación rara de impotencia.
Y, honestamente, ya no sé ni de qué va este artículo… El objetivo era otro y ya me perdí.
Dicen que es importante hacer un resumen mental de lo que fue, y que también ayuda tener en mente nuestras próximas metas. Yo lo que creo es que el único camino realista y viable para este 2026 es mantener decente lo que tenemos cerca, nuestro circulito inmediato…
Nada de salvar el mundo, ni erradicar la pobreza, ni cambiar el sistema. Ya con aguantarnos el impulso de gritarle al que se nos metió en la fila, con educar sin gritar (confieso que yo no lo hago), con tratar de ser coherentes, con mantenernos cuerdos de mente y éticos de corazón… con no joder al de al lado… ¡pues con eso!
Parece muy poco ambicioso, pero de verdad creo que no lo es.
A mí el tiempo se me va volando… Este se suponía que era el momento de mi lista de objetivos y, sin embargo, lo usé para compartir mis confusiones. La verdad es que ya no tengo la ingenuidad de los 18 para escribir quinientos propósitos ni veinticinco metas. El tiempo que se me escapa prefiero gastarlo en ver menos noticias y más amaneceres, en seguir a menos famosos y cuidar más amistades, en fotografiar menos platillos con estrellas Michelin y lavar más platos sucios olvidados en el lavabo.
Creo que de eso se trata habitar el presente... atender lo inmediato, lo pequeño. No para cambiar el mundo, ni mucho menos para entenderlo, sino para no perderme en el intento.
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