top of page
Buscar

Daño Colateral


No me gusta ir de copiloto, prefiero por mucho manejar. De esa manera yo decido la velocidad, a qué distancia frenar si hay un tope, cuándo cambiar de carril, cuándo rebasar y todo lo demás, por supuesto incluido tocar el claxon. Pero cuando voy de copiloto, además de que mi poder de decisión se siente nulificado, me pasa algo curioso y es que invariablemente me topo con un letrero en el espejo retrovisor que dice “Objects in mirror are closer than they appear”. Primero que nada, me llama la atención que en todos los coches a los que me subo, ya sean de fabricación china, alemana o estadounidense, la frase siempre viene escrita en inglés. Y segundo que nada, a la frase le falta la palabra “the”.


Resulta que los responsables de ambas cosas son, como siempre, los gringos, jajaja, pues en 1970 el sistema legal de Estados Unidos exigió a los fabricantes colocar esa advertencia. El problema era que el espejo, antes, era plano y dejaba muchas zonas sin visibilidad. Los choques laterales estaban a la orden del día y las demandas a los fabricantes también.


Por eso el espejo ahora es curvo, porque así se amplía el campo visual… aunque se tuvo que aceptar la distorsión como daño colateral. Yo no sé qué tanto ayuda un espejo distorsionado, pero ellos lo resolvieron con esa frase. Y el caso es que ver más tuvo su precio.


En cuanto al asiento del piloto y el del copiloto, casi no hay diferencia. No es un asunto de comodidad, sino de control. Y justo cuando tengo que renunciar a él, cuando estoy ahí, observando, frenando de manera virtual, pero sin poder intervenir en la realidad, es cuando invariablemente se me cruza esa frase de que los objetos están más cerca de lo que parecen. Con mi cara reflejada de fondo, obviamente… Y entonces me pregunto en qué parte del proceso las cosas se distorsionan, ¿cuando se reflejan en el retrovisor?, ¿cuando nosotros las miramos?, ¿o hasta el momento en que interpretamos lo que se refleja?


Desde ese espejo miro todas esas cosas de mi vida que parecían estar muy lejos y ahora las tengo encima. Me pregunto si de verdad están tan cerca o si todo es solo una cuestión de perspectiva. Veo pasar el árbol de la banqueta, el letrero, la vuelta prohibida, el semáforo en verde. Y no puedo frenar. Bueno, freno virtualmente, como mi mamá cada que viene de copiloto y me dice que le baje a la velocidad. Vuelvo a ver esa frase en el espejo, que me pone nerviosa porque, además, le quitaron el artículo y el artículo es parte de una oración. No me tranquiliza. Me distrae. Me hace pensar en cálculos, en cercanía, en atropellamientos, en la vida que se va y en que yo intento frenar, pero nada más no me detengo.


¿Será que lo que me incomoda de aquella frase es que la siento como advertencia? No sé. ¿De qué me sirve un espejo que me engaña, que me hace dudar de lo que veo? Y para colmo, del lado del copiloto. Vamos, que yo solo estoy ahí mirando el paisaje. Frenando de manera virtual, cambiando la música, claro, porque le pedí permiso al piloto (la música es del piloto y se acabó). Esa es otra razón por la que no me gusta ir de copiloto. Y para este relato elegiría definitivamente “I Feel It Coming”. Así me hace sentir el “Objects in mirror are closer than they appear”, como si algo fuera a venir, pero no terminara de llegar. ¿A poco no es el mejor sentimiento? Para mí ese es, en el fondo, el sentimiento de la vida.


Pero como siempre ya no sé si estoy hablando del copiloto, de los objetos o de esta maldita percepción distorsionada que nos engaña. Me pasa seguido. Cuando discuto con alguien, por ejemplo, siento que todo está más cerca, más encima de mí de lo que realmente está. Y ahí, en medio de eso, se me cruza la frase de “objects in mirror are closer than they appear”. Me quiero reír, pero no me río. Supongo que quien tengo enfrente se ofendería todavía más. Así que sigo discutiendo con fervor, como a mí me gusta… O cuando tengo un problema inmenso, de esos que me atrofian los demás sentidos y me obligan a concentrarme solo en él. De esos problemones. Ahí también me imagino de copiloto, pisando un freno virtual y mirando esa frase a la que le robaron el artículo. Y qué poca madre, el artículo importa. Y punto.


En el espejo del piloto, en cambio, no dice nada. A ese no le distorsionaron la imagen, ese no lleva frases de advertencia, esta limpiecito y claro. Ahí la imagen no pide interpretación. Qué hermosura.


Acabo de darme cuenta de que, entre otras cosas, es por eso que prefiero manejar. Lo del control ya sabemos que también es otra percepción distorsionada, pero que el espejo me muestre los objetos en su tamaño y distancia real no tiene precio. Es como si me dijeran, “lo que ves es lo que hay”, y se acabó.


Yo confío más en ese espejo que en otro que anda advirtiendo cosas. El que habla poco dice más. Y a mí me gusta manejar porque acelero y rebaso cuando me da la gana, y porque de ese lado no vivo con la sensación de que algo está por venir, sino con la sensación de que voy yendo.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page